Escrito por ARTEMISA.
Habeis estado en el antiguo pueblo de Belchite (Teruel)?.......Aquel lugar (como algunos otros de España) en donde se lidió una de las más cruentas batallas de nuestra desagradable Guerra Civil?
Yo si.......Y a pesar de los años transcurridos desde la Batalla del Ebro hasta nuestros días, os aseguro que desde que rebasé la puerta de entrada a las ruinas del viejo y abandonado pueblo, hasta que salí de él, transcurrieron eternos minutos de pura y dura enfermedad.
Ya al bajarme del coche, me sentí extraña. Creí que me habría mareado en el trayecto, pues a pesar de no haber demasiadas curvas, si hacía mucho calor. El día era claro y radiante de sol.
Reposé un poco mientras un ardiente aire se estampaba en mi cara. Y al mirar la puerta de la entrada al pueblo, me pareció oir gritos de niños a lo lejos. Gritos, que aquel aire caliente trajo a mis oidos.
No me pareció un lugar muy apropiado para que los niños jugaran y sorprendida y mareada, le pregunté a la pèrsona que me acompañaba:......- ¿Tu crees que los crios tienen que jugar en un sitio así?......Será que no tienen campo para correr!!!.
Ante mis palabras, mi acompañante me miro y tras dar una ojeada a su alrededor y comprobar que no habían más coches, ni mas gente......me miró con extrañeza y añadió:.......- ¿Niños?......¿Qué niños?¡Si estamos solos!.
Entonces me di cuenta, de que solo los había escuchado yo.
Al cruzar el portalón y el arco de piedra, mientras caminaba lentamente por la avenida central, el vello entero de mi cuerpo se erizó y una sensación de frio intenso (a pesar del insoportable calor) me invadió. No tardé en volver a escuchar los gritos de aquellos dos chiquillos, dándome cuenta entonces, de que no eran gritos de alegría, ni de felicidad, si no de pavor y auxílio.
Al mirar las fachadas de las casas derruidas por las bombas, levanté mis ojos hacia un balcón que me llamó especialmente la atención. Allí estaba!!!! Pequeño, menudo, con sus zapatos llenos de polvo y sus calcetines caidos en sus tobillos, todo él lleno de yeso......Como si le hubiese venido la casa encima y milagrosamente, se hubiese librado de una muerte segura. No tendría mas de 14 años. Llamaba desesperadamente a otro niño que vivía en la casa de en frente.......pero nadie salió a responderle.
Un nudo se me formó en la garganta y mi sensación era de mascar polvo. Cuando me quise dar cuenta, un sin fin de personas aparecieron corriendo de lado a lado de la calle.......Desquiciados, desesperados, desorientados!!!!!!.
Ellos, corrian despavoridos hacia todas partes, rebasándome, traspasándome y apareciendo y desapareciéndo ante mis narices. Unos cojos, otros resbalándose por el suelo, medio cayendose, a trompicones........Y todos , absolutamente todos, miraban de vez en cuando hacia el cielo.
Entonces entendí que había algo más entre aquel clamor de gritos y lamentos que estaba oyendo. Algo silbaba.......Silbaban las balas que venían de todas partes y de fondo.......los ruidos de las incansables bombas. El cielo se había oscurecido para mi y un extraño humo flotaba en el ambiente.
La avenida era larga y yo caminaba muy despacio, como con miedo a pisar algún herido o algún cadaver.
Mi compañero caminaba más agil que yo, por delante de mi, ignorante de la pesadilla que yo estaba viviendo. Convencido de que simplemente estaba observando horrorizada los restos que la guerra había dejado allí. No hablamos, no nos miramos.......
Tan solo, en un momento dado, cuando él ya hubo llegado al campo que separa el pueblo de la iglesia situada al final de la avenida, se giró y me vio paralizada. Oí como me llamaba pero, atenazada por el horror que estaba sintiendo.......Paralizada por los gritos de tanto sufrimiento y con unas tremendas ganas de vomitar, no pude pedir su auxilio.
El desagradable olor a polvora, mezclada con el "dulzón" olor a sangre, se me metió en la garganta. Y allí, como en medio del fragor de la batalla, estaba yo petrificada. Estática y con los ojos llenos de lágrimas.
Mi acompañante vino hacia mi corriendo y me sacó rápidamente de aquel infierno.
Tardé bastante rato en recomponer mi cuerpo, pero todavía tardé más dias en superar aquella tristeza tan aguda y punzante......Olvidar aquellos gritos tan reales y tranquilizarme mínimamente.
La realidad es que después de quizás, 20 años de mi primera visita a Belchite, esas sensaciones, jamás las he podido olvidar.
Después de aquella primera vez, quise ponerme a prueba a mi misma y conseguir averiguar si todo aquello, lo podía sentir cuando deseara o simplemente fue fruto de mi imaginación. Tras muchos años de querer y no atreverme, cuando por fin lo conseguí, el resultado fue que no sentí nada especial.
He regresado otras 2 veces más. Pero ya nunca he vuelto a sentir lo mismo que aquella horrible primera vez.
Supongo que en esa primera ocasión debí de estar inconscientemente, tranquila, relajada y receptiva, totalemente ignorante de lo que me podía suceder.
En las siguintes ocasiones, he debido de estar espectante y tensa. Mas bien blindada, diría yo.
Han pasado más de 15 años y hoy en día todavía guardo en el recuerdo de mis sentidos, el sabor a sangre, polvora y polvo en la boca y su olor.
Se que no soy la única que, concretamente en Belchite, ha tenido sensaciones tan fuertes. Es un sitio realmente con una carga de sufrimiento caótico, impregnado en todos los rincones de sus piedras.
Así que, para quienes no hayais estado, si os atreveis y quereis experimentar.......ya sabeis.
Alguien quiere añadir algo más?
Extraído de 6/2007.Artemisaforo-"Rutas Energéticas".