- ARTEMISA. Historial.

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Hola Amig@:

Decidí dedicarme al mundo del Tarot Evolutivo cuando un buen día, analizando mis cartas, me di cuenta de que en ellas veía mucho más allá del supuesto novio o trabajo que pretendía encontrar en mi futuro. De pronto, todo el encanto de la “simple” adivinación se desvaneció y dio paso a un extraño análisis de mi misma que nunca me planteé tener que afrontar. Con los años y establecida ya en mi consulta, me di cuenta de que a parte de responder a las ya tradicionales preguntas de salud, dinero o amor, a través del tarot seguía viendo en mis clientes,  aquellos conflictos  desconocidos o no asumidos que las personas arrastramos desde nuestro pasado al futuro y que habitualmente condicionan nuestras vidas o decisiones en la madurez. Poco a poco fui aprendiendo que el análisis en profundidad de este tipo de lecturas, ayuda al consultante a enfrentarse a sus propios miedos y desasosiegos, y que también favorece la paz, el perdón y en consecuencia, como si de un análisis psicológico se tratara, orienta y ayuda a evolucionar.

Del Tarot Evolutivo se puede extraer información desconocida para nuestro consciente que está archivada y empolvada en nuestro subconsciente pero también podemos ir más lejos, atreviéndonos a investigar en supuestas Vidas Pasadas. Y digo supuestas porque, a parte de algunos hipnólogos que en apariencia han llevado a su paciente hacia “el pasado”, pocos se atreven a afirmar hoy en día (fuera de ciertas religiones) que el Karma existe. No hay nada constatado y sin embargo, la mente humana guarda una enorme información que no se sabe con certeza de dónde proviene tanto hacia futuro como hacia el pasado. Esa información puede provocarnos fobias o miedos que desde algún sitio de nuestra memoria inconsciente trasladamos a nuestra vida cotidiana sin querer, y ello puede limitarnos o condicionarnos.

A lo largo de mis años como tarotista y de los análisis efectuados, he terminado por convencerme de que existe una más que posible relación entre las fobias o errores que se repiten en la vida del consultante y esas supuestas vivencias de vidas anteriores. Curiosamente, en cuanto les explico lo que veo y percibo a través de las cartas o narro alguna extraña imagen de épocas pasadas, casi siempre entienden sus porqués actuales. Para ellos y para mi, está claro el vínculo. En consecuencia, en el momento que encuentran una respuesta, normalmente les es más fácil superar y corregir el problema. De ahí que además de Tarot Evolutivo, también lo llame de Autoayuda. Esta es una forma de analizar el tarot, complementaria al Tarot Adivinatorio, que para mí es más profunda y certera, y desde luego, posiblemente, más útil.

Os voy a explicar una de mis experiencias:

Un día llegó a mi consulta una señora muy angustiada porque no entendía qué era lo que le sucedía en su cuello. La mujer era atractiva y tenía unos 40 años en ese entonces. Era profesora en una facultad. Quiero aclarar con esto, que no era una persona sin cultura como las que se comenta que utilizan nuestros servicios fuera de los que creen en Videntes y Adivinos. Esta mujer había visitado a varios psicólogos antes de llegar a mi y ninguno de ellos supo decirle cual era su problema. Médicamente, en el aspecto físico, tampoco tenía ninguna lesión ni enfermedad pero el caso era que en cuanto su marido se le acercaba para hacer el amor y le rozaba el cuello o simplemente presentía sus intenciones, ella se bloqueaba, se mareaba y tenía que finalizar el intento. Llevaban años así y por ridículo que pueda parecer, ese “problema” estaba condicionando sus vidas. Tampoco podía colgarse absolutamente nada del cuello. Ni collares, ni cadenas, ni aderezos… Ni siquiera podían rozarle unos pendientes largos. Ella estaba desesperada y confusa.

Cuando se sentó frente a mi, no tardé en sobrecogerme y comenzar a describirle una dura escena de  una agresividad brutal. Cualquiera de vosotros podría pensar que su problema se remontaba a su infancia pero… No fue así. Para mi propia sorpresa, sus ropas rotas y ajadas correspondían a un vestido rosado como los que llevaban las mujeres plebeyas en la edad media y ella se posicionaba, al pie de un acantilado que parecía ser de un país como Escocia, miraba con angustia y pánico hacia abajo. En el fondo del enorme acantilado, un mar enbravecido la esperaba.  Frente a mis palabras también se sobrecogió y dijo que tenía pendiente un viaje a esas tierras porque sin saber porqué, desde pequeña sentía que debía buscar algo en ellas. Quise seguir indagando para averiguar en dónde comenzaba su problema pero para ello tenía que hacer “marcha atrás” y eso fue como rebobinar una desagradable película. Había visto el final pero no el origen. Entonces, como si yo fuera ella, me encontré en una especie de aldea en medio de una ladera forrada de un verde intenso. Al fondo se vislumbraba el inicio de un tupido bosque. De pronto volví a verla, sentada en el suelo, apoyada en una roca mientras cosía una prenda. La sensación era de paz… Mucha paz y felicidad. Estaba a la espera de noticias pero no pude precisar. Un niño de unos 10 años se le acercó y ella dejó su labor, lo miró, le sonrió y lo abrazó con todo su amor. Era su hijo pero, no había terminado de acariciarlo cuando el poblado fue abordado por unos bárbaros de alguna tribu enemiga. La gente corría despavorida entre gritos y lamentos. A ella no le dio tiempo ni de incorporarse.

El que entró primero en el poblado rompiendo la calma de aquella mujer y de sus vecinos, iba sobre su caballo, sucio por el polvo y la sangre de la lucha, y en del costado de su animal colgaba una cabeza ensangrentada. Aquel hombre se paró frente a ella y sin bajar de su montura, desató su trofeo y lo lanzó a los pies de la mujer. Ella se quedó inmovil, presa del pánico, hasta que consiguió reaccionar y se agachó para acariciarla mientras rompió en un tremendo grito de dolor. No tardaron en abalanzarse sobre su hijo los esbirros del bárbaro que rapidamente le cortaron el cuello para, acto seguido, colocar una soga en el cuello de la madre e inmovilizarla. No le dio tiempo a nada. Solo una cosa podría salvarla de la muerte. Si dejaba satisfecho sexualmente al asesino de su marido, su vida sería perdonada. Y mientras la soga era asida por aquellos rufianes ahogandole la garganta,  era violada impúnemente por el bárbaro. Cuando por fin la cuerda cedió, el agresor, satisfecho por el resultado, levantó la mano derecha y alguien le acercó un vasto cáliz. Entonces la miró y sonriendo le dijo: “Eres una buena hembra. Sal corriéndo y piérdete de mi vista. Te has ganado el perdón” 

Ella, herida, humillada y llena de pavor, corrió torpemente por entre muertos y los miembros separados de los cuerpos de sus vecinos. Cuando por fin llegó al pie del acantilado, no dudó en saltar.

Mi clienta y yo nos quedamos estupefactas frente a tal visón pero entonces comprendió que quizás el Karma SI pudiera existir y que su supuesta manía de que nadie se acercase a su cuello, podría tener mucho más sentido del que nunca hubiese imaginado. A partir de entonces, Elisa (que ásí se llama) fue superando poco a poco su “manía” y consiguió comprender y perdonar hasta el extremo de alcanzar una relación normal con su esposo.

Esta es solo una de tantas escenas que con las cartas en mis manos he conseguido ver. Son mi herramienta para abrir mis canales. Dicen que soy vidente pero yo siempre advierto que “Ver”, no se consigue cuando se quiere. ¿Quizás sea solo cuando realmente se puede ayudar?

Mi mejores deseos para ti.

Artemisa.logocon marco