APLICACIONES ENERGETICAS.

Diciembre 20, 2010

Muchas son las formas y maneras que tenemos para poder canalizar nuestra energía hacia algo o alguien concreto.

Algunas de ellas, ya han sido apuntadas por nuestro compañero Rasputín en alguno de sus artículos. Mantras, Mudras, Mandalas etc… El Yoga, el Reiki (como decía Hannya), técnicas de Tantra (incluido el sexo), los diversos tipos de masajes corporales que existen, el Pensamiento Creativo… Y tantas y tantas formas, que seguramente, de citarlas todas, no tendríamos suficiente espacio. Pero a mí, me gustaria centrarme en las que conozco personalmente. El resto, os las dejo a los demás. La investigación y experimentación también es muy gratificante. Así que como sé que os gusta que os explique mis experiencias y sin querer sonar prepotente ni arrogante os dié que en mi caso, después de haber conocido las prácticas Espíritas y tomar consciencia de lo que es la clarividencia, alguna técnica de sanación e imposición de manos (que no Reiki), decidí quedarme con la canalización a través del tarot, el cual compagino con la radioestesia (péndulo) y los tradicionales rituales de petición.
Para mí, el aprender a manejar bien una baraja de tarot, española o de poquer, ha sido mucho más que simplemente “leer las cartas” o “echar la buenaventura.

 Vereis…

Al principio de mis inicios, cuando cogía la baraja no notaba nada. Simplemente tenía ante mí una cantidad de figuras y símbolos que creí, debía aprender de memoria para poderlos “leer” y eso me pareció tan complicado (como todos cuantos se inician) que después de cumplir los 14 años y hacer mis “pinitos” en el tema, junto a mi abuela (la cual leía la baraja española), decidí dejarlas en el olvido.

Cuando a los 18, conocí a mi maestro Gabriel (mi verdadero inicador en casi toda “suerte” de prácticas), me di cuenta de que la respuesta que me daban, no estaban tanto en su lectura, fría y memórica, si no en gran medida, en aquello que se recibía y sentía de manera… llámese intuitiva. Para ello, debía conseguir un requisito imprescindible. Olvidarme de “mis cosas” y dejar la mente en blanco. Algo realmente dificil de conseguir para todo iniciado.

Pero en ese principio, teniéndo yo más características de “medium” y vidente que de otra cosa, el trabajo fue mio para controlar mi cuerpo y energía y seguir siendo la única que “mandara” sobre mí misma. De hecho tuve graves problemas hasta que conseguí manejar mi energía a voluntad y dirigirla hacia donde quería sin perder mis sentidos físicos porque, cada vez que tocaba las cartas, un atroz hormigueo comenzaba a subirme por las piernas y las manos, hasta provocarme la sensación de que mis miembros habían desaparecido. Es decir que, de golpe era como si yo fuese únicamente un trozo de tronco con una gigantesca y descomunal cabeza que ocupaba toda la habitación. Si me abandonaba a esa extraña sensación, no tardaba en perder la visión y un humo blanco aparecía en mi entorno, rodeandome por todas partes. Eran las primeras fases de la incorporación espírita y
yo, me negué en todo momento a incorporar. Las prácticas espiritistas, me sobrecogían. En consecuencia, tuve que aprender a manejar con rigor mi energía y comenzar a ponerme frenos a mi misma, para no ir en la dirección que no deseaba.  Ponerme en paz con mi niño interior (viejo, arrugado y testarudo) o el Yoga, fueron unas de las formas. Y al igual que los Yoguis o los Lamas, el ayuno, la meditación y la disciplina diaria, junto a la permanente oración fueron otras más de tantas. Mas tarde vendría el vegeterianismo y la temporal abstinencia sexual para seguir acumulando energía que cada vez más y mejor aprendía a manejar en la dirección deseada.
Mi maestro, Gabriel, me enseño a no temer todo un séquito de insistentes sensaciones que, a pesar de no ser desconidas para mi (ya que desde niña las percibí), eran muy incómodas de sentir continuamente y sin control. 
Las técnicas de relajación y meditación (con el consiguiente equilibrado de mis puntos energéticos -chacras-), me dieron la solución definitva pero, en definitiva han sido muchos años de práctica y de manejo que aún hoy en día se pueden desestabilizar con una situación emocional límite o con una sobredosis de estrés. La ventaja del hoy con el ayer es que ahora ya se como volver a equilibrarlos.

Pero volviendo a mi época de “formación” debo decir que, mientras mis chacras no quedaron totalmente estabilizados, no cesaron las percepciones descontroladas. No me extraña que quién comienza solo, no se anime a seguir por temor a lo que pueda percibir. Bombardeos de luces, de “mensajes”, voces, olores e incluso sensaciones físicas de ser palpada o de que alguien respirara sobre mí. Ahora esas sensaciones son casi imperceptibles pero aún así, según quién entra en la consulta o en la tienda, me vuelve a provocar esa conocida sensación de estar flotando.

Hoy pienso que canalizar mi energía a través de las cartas, ha sido una de  mis mejores decisiónes y por eso me siento orgullosa, feliz y sana. Unicamente cuando el ritmo de consultas baja, tengo problemas con la hinchazón de las manos y los pies. Incluso en ocasiones, se me han llegdo a pelar las yemas de los dedos, sin tocar ningún tipo de detergente o sin tener problemas de alergias de piel o exudación de manos porque siempre están secas y normalmente, calientes hasta el extremo de desprender un caracteristico calor que se percibe sin necesidada de tocarlas.
Me han revisado cardiólogos y especialistas en el sistema renal. No tengo ningún tipo de problema.
La conclusión a la que he llegado es, que mi energía se mueve continuamente a través de mis manos en unión con las cartas y en el momento  en el que las dejo de trabajar, la energía se relentiza en exceso y comienzan los bloqueos que se traducen en retención de líquidos y dolores articulares con la consiguiente inflamación.   
En definitiva, para mi, el tarot, los rituales y saber trabajar “la Magia”, solo es un canalizador más de tantos y otra forma más para estar “en forma” y canalizar energéticamente.

Atentamente,  Artemisa.

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