VIDENCIA. El Despertar a la Consciencia.

Julio 31, 2010

 Nací en Barcelona el mes de Julio del 62 bajo el signo de Cáncer y durante mi feliz infancia nunca me sentí diferente a nadie pese a que todo mi entorno me tildó de “rara”, fantasiosa e imaginativa en exceso. A mi corta edad, mis características “cancerianas” llevaron a creer a mis familiares que dicha “fantasia” y fuertes actitudes hacia lo artístico, no eran más que el fruto de la influencia del elemento Agua y del estereotipo que a este zodiaco se le atribuye. A pesar de ser una niña alegre y feliz, sensible y cariñosa, de fuerte inventiva y algo obsesiva, en ocasiones parecía que me retraía a una extraña nostalgia y melancolía de “tiempos pasados” que por mí edad era imposible que hubiera conocido. Hasta los 12 años fui hija única y hasta entonces, mis padres se preocuparon mucho por mi aparente introversión. Ello  los llevó a esforzarse en sociabilizarme, obligándome a participar de la compañía y juegos con otros niños pero, me llevasen a dónde me llevasen, mi mundo interior era tan rico y activo que siempre terminaba sola y a mi aire en algún rincón, por el puro placer de estar “con mis cosas”. Y no era que no gustase a los demás compañeros de juegos, no. Estos, más bien me veían como a una líder o un imán que les atraía a conocerme… Callada, observante y de fuerte carácter, debía parecerles un reto llegarme y conseguir mi amistad. Pero yo necesitaba aislarme y sentir. Y allí, entre los niños, ignorante de mi niñez, sentía que poco tenía en común con ellos. Nada tenía que decir. Me parecían básicos y a veces, hasta ridículos o molestos. Para mi suerte o desgracia, su lógica era para mi tan simple… Que cuando me decidía hablar o participar, mis palabras o actos parecían sentar una extraña cátedra que los desconcertaba. Entonces, los que minutos antes habían insistido en obtener mi amistad,  me daban la espalda y huían de mi. Supongo que en el fondo había conseguido mi objetivo, librarme de ellos. Y es que mi realidad era que me sentía mucho mejor conmigo misma o entre animales, con los que mantenía una conexión especial y extraña, o incluso con la gente mayor pues, aunque mi imagen fuera la de una niña, mis expresiones, vocabulario y conversaciones eran las propias de un adulto. Ahora creo, por muchas cuestiones que quizás algún día explicaré, que desde que nací, mi interior albergaba el conocimiento de un  viejo octogenario que se escondía dentro de un cuerpo de bebé. En definitiva, mi realidad fue que terminé prescindiendo de lo que para mí no eran más que “absurdos” juegos de niños. Mientras tanto, lentamente y con preocupación, mi familia tuvo que ceder frente al poco interés que demostraba por los de mi edad, y el verme jugar, hablar o reír sola mirando a “la nada” mientras mis perros celosamente me velaban o de vez en cuando también miraban al vacío moviendo el rabo en la dirección en la que yo miraba,  terminó convirtiéndose en una norma aceptada a la fuerza si querían verme en mi mejor estado. Con los años, mientras las otras niñas y niños jugaban a ser príncipes y princesas o canturreaban “la tabla del 2”, yo me empapaba embobada en la historia del Antiguo Egipto o en la evolución del Planeta Azul. Quién era yo?… Una niña “tarada” o una superdotada?…  Seguramente nadie diferente a muchos de vosotros aunque entonces, aún ninguno de nosotros lo sabía.

Conforme fui creciendo se fue viendo que de introvertida no tenía nada a pesar de mi actitud solitaria pues, más bien demostraba mucha extroversión y desparpajo dentro y fuera de casa. Por entonces no tendría más de 7 años y cada uno que se había sumado a mi vida, a los ojos de mis padres que me observaban con confusión, iba pareciendo más “rara”. Mi familia terminó entendiendo que aquellos ratos de soledad que pasaba mirando a “la nada”, a las “moscas” como ellos decían, y riendo sola, eran compartidos con “alguien”. Los niños inventan “amigos imaginarios” para no sentirse solos, eso podía ser normal pero… Sería este mi caso o estaría loca la cría?… Cuando preocupados me preguntaron que con quién hablaba y a quién veía, yo, con toda naturalidad, les di la descripción de mi amiga y ellos tuvieron que sentarse para evitar desplomarse.

 

 

“Ella” era inglesa, de las afueras de Londres y se llamaba Susan. Mi “amiga” tenía el cabello largo y dorado, y siempre recogido en dos enormes colas llenas de tirabuzones.  Era un poco mayor que yo y había vivido  en una gran mansión a la que su esencia se aferraba con tormento. En esa casa sufrió un terrible accidente. Sucedió que un día, saltando por la escalinata mientras jugaba con su aro, resbaló. Cuando el servicio (dos mujeres mulatas vestidas al uso del siglo IIX) la encontró al pie de la misma, Susan estaba muerta y con su cuello roto. No había cumplido los 9 años. Se sentía sola… Estaba perdida y asustada en la oscuridad… Y yo la veía acercarse a mi, cada día un rato, para hacernos compañía. Luego, cuando la hora de la merienda llegaba y mamá me traía el pan con chocolate, Susan me extendía su mano abierta para que le diera pero, aunque en mi interior le dijera “cógelo”, ella… No podía. Y frente a la pena de no poder tomarlo, mascarlo o disfrutarlo, mi “amiga” huía corriendo a su mansión para intentar comerse la merienda que a ella debieron darle en vida. Yo veía como se distanciaba de mi… Corría llorosa y despavorida con sus enaguas y calzones llenos de puntillas al viento, y cuando ya había desaparecido de mi “vista”, otra imagen volvía a asaltarme. La parte superior de una inmensa reja de hierro se abría sobre un fondo de cielo gris. Luego, ya no conseguía ver nada más que el comedor de mi casa y el plato sobre la mesa con el pan y el chocolate. Susan había entrado en su mansión.

Supongo que mis padres comprendieron estupefactos. No era posible que una niña de mi edad supiera siquiera la existencia de una ciudad llamada Londres o dónde estaba, o poder relatar con tanta exactitud ropajes y características. De dónde había sacado toda esa información?… La niña no era “rara”! Solo era que… “Veía”!

Por fortuna para todos, a pesar de que mi familia era religiosa, nunca me castró mi Percepción Extrasensorial y ya fuera porque desearon seguir creyendo, para su propia tranquilidad o salud mental, que solo eran fantasías de su hija o bien porque realmente lo respetaron, en casa, ese tipo de tabús y prohibiciones, nunca existieron. Algo que me dio la ventaja de ser yo misma y seguir sintiendo y evolucionando sensorialmente.   Aunque debo decir que desde que tengo uso de razón, fue mi abuela paterna la que realmente pareció entender que mis “rarezas” podían ser debidas a “otras cuestiones” más allá de lo tangible. Y cada vez que me veía con mi vista perdida en la nada, exclamaba preocupada… “Esta niña está encantada”!… Y es que ella y yo, resultamos ser iguales. Cuando ya cumplidos los 15 años conseguí comprarme mi primera baraja de tarot, ahorrando durante meses, aquellas monedas que semanalmente me iban dando de los restos de los cambios de las compras, mi Yaya me arrancó la baraja de las manos y comenzó a barajar inquieta preguntando… “Qué haces con una baraja de tarot”?… Ella, en su juventud leyó las cartas pero, nadie en la familia lo supo hasta que su nieta apareció con la baraja. Nunca antes se atrevió a contarlo por miedo a que la tildaran de “bruja”. Por aquellos años, ser “así”, estaba muy mal visto.

Hoy… Cuando a veces me preguntan… Cómo empezó todo?… Cómo lo descubrí?… Mi respuesta solo puede ser una. Yo nací así. No tengo recuerdos de mi vida sin percepciones, olores, sonidos, luces o imágenes, personajes, sensaciones o incluso voces y caricias. Nunca me hicieron daño fueran quienes fuesen y solo puedo decir que nunca sentí miedos, soledades o aburrimientos. Solo añadiré que cuanto más veía o sentía, más incrementaba mis búsquedas porque más curiosidad tenía por saber.   A mi familia les incomodaba mi aparente obsesión por los muertos, los cementerios y los programas que en aquel entonces conducía el difunto Profesor Miravitlles o el que años más tarde lanzaría a la fama al Profesor en Psiquiatría Dtr. Gimenez del Oso. Evidentemente, mis padres hubieran preferido que su niña jugase con muñecas en su infancia y que en su adolescencia no “jugase” con Ouijas, Tarots, Vasos de Agua o Bolas de Cristal, Llamas de Velas ni Psicofonías pero, tuvieron que acostumbrarse que a su “Nena”  no fuera igual que los demás.

Te sientes refleja@?… Sientes confianza en mis palabras?… Pues aquí me tienes. En total, 48 años de experiencia me acreditan. Esa soy yo, ahora ya rodada y puesta a tu servicio en cuanto a lo que la Orientación Humana o la Autoayuda a través del Tarot  te  pueda desvelar.

 Mi más sincero deseo de felicidad para Ti.

Artemisa.

Las fotos anteriormente mostradas son de una Artemisa niña y esta, también soy yo con mi fiel “Coleguita Peludo de Cuatro Patas”, Peque, al que algunos de vosotros habreis conocido. Estas últimas imágenes reflejan la felicidad e ilusión del día de la inauguración de mi comercio “Artemisa Librería Esotérica” en el mes de Septiembre del año 1997. Cierto es que ya ha “llovido” un poco pero yo, aunque más vieja, sigo ahí gracias a los que me seguís y depositais vuestra confianza en mi.

Gracias Amig@.

 

Si quieres saber más de mi  ves a PRONOSTICOS CUMPLIDOS  de Artemisa como Vidente, Tarotista y Analista de Sueños.

 

One Response to “VIDENCIA. El Despertar a la Consciencia.

  1. CURRICULUM TELEVISIVO. | Tarotartemisa

    [...] Toda mi gratitud y cariño para mis Compañeros del Canal Catalá TV, Compañeros de Profesión y mis Seguidores. [...]