TAROT.

Junio 6, 2010

 Análisis en profundidad del arcano Luna segun la visión de Artemisa.    

Antes de entrar en dicho análisis, quisiera comenzar haciendo un breve paralelismo entre el arcano 18 (Luna) y el 2 (Sacerdotisa o Papisa) porque para mí tienen mucha vinculación.    

En el arcano Luna se aprecia algo similar a 2 columnas que también las muestra la carta de La Sacerdotisa en el Tarot Rider. En su caso, una blanca y otra negra (Ying-Yang). Y mientras este tarot es explícito en su dibujo, en el de Marsella simplemente se intuyen viniendo marcadas por la posición del velo y de sus ropas. Existen diferentes versiones en cuanto al análisis de estas columnas pero todas ellas terminan coincidiendo en la delimitación del espacio entre la figura (sabiduría interna acumulada) y el resto (sabiduría recibida o generada desde el exterior). Y… ¿Por qué hablo de sabiduría o, lo que es lo mismo, conocimiento? Porque en el caso de la Sacerdotisa, esos espacios aluden a la sabiduría y fortaleza de ideas basadas en el saber antiguo, el recabado a través de los años junto a la enseñanza de vida aunque también hablen del conocimiento ancestral, del heredado o acumulado quizás, a través de otras vidas. Esas columnas parecen vinculadas al Templo de Salomón. Sabio de sabios. De ahí la connotación directa y fuerte del símbolo de sabiduría.
En el caso de la Luna, no son tanto columnas como sí torres que limitan nuestra vida o visión. Es decir, nuestro conocimiento. Esas torres son limitadores del saber o en su defecto nos invitan a no ver más allá de nuestras obsesiones y bloqueos involutivos (condición interna) o a no descubrir e indagar aquello que no se sabe o no se muestra (condición externa).   

Un analista hebreo me dijo un día que La Luna, en el sistema del I-Ching, equivale al exagrama Kú y este, a su vez, nos habla de Ken. Montaña quieta, dureza, obstinación. De esta forma se puede desprender que cuando nos encontramos en una situación de vida como la que el arcano 18 expresa, no parecemos muy dispuestos a movernos del sitio ni evolucionar, unas veces porque no sabemos y otras porque no escuchamos obsesionados con nuestros pensamientos u obligados por nuestro ánimo.  La carta de La Luna, no está carente de voluntad pero es una voluntad errada y terca hacia lo oscuro, la pena, la desgracia o el interior mal comprendido y mal analizado. En definitiva, error e incapacidad.   Recuerdos, nostalgia, melancolía y sueños a veces imposibles de consolidar.

Según la correspondencia con el alfabeto hebreo (TsDi) o (Tsade), se dice que La Luna corresponde al signo de Acuario pero también es la carta número 18 y si la reducimos obtenemos: 1+8=9. Es decir, la novena letra del alfabeto hebreo que es la Ts. Para este estudioso de la Cábala significa cazar, acechar, espiar, caza-pesca, anzuelo o cebo. Y mientras que para una interpretación sencilla de la simbología del arcano 18 podría basarse en la semipenunbra que interpretamos como la oscuridad de nuestra mente al intentar encontrar respuestas en nuestro interior sin conseguirlo a consecuencia de nuestras obsesiones o perturbaciones, para Alets Marat Torah, la profundidad en la interpretación de la Luna, desde su estudio más interno, nos lleva a un resultado mucho más complejo. Así se puede llegar a la conclusión de que además de su limitación de visión (torres y oscuridad) por la obsesión que acecha o que mora en nuestro interior, La Luna, también nos habla del cebo, mentira  (propias o externas) y del acecho de nuestras obsesiones, nostalgias, recuerdos, decepciones no superadas etc, como si demonios martirizándonos fueran. Es decir, que no hablamos solo de una “noche” física con lunas y estrellas como vemos en nuestro firmamento si no, que dicho arcano nos da una explicación exacta de nuestro estado anímico-interno, obsesionado u obtuso, bloqueado o cegado que no consigue despertar al conocimiento o a la luz. La Luna nos habla de esa semioscuridad en la que en ocasiones vivimos y también de nuestras preocupaciones o mentiras en las que caemos o nos empeñamos en no ver.      

 El vínculo entre la Sacerdotisa y la Luna, para mi, es evidente. Ambas son plenamente símbolos femeninos y en consecuencia lunares. La una, La Sacerdotisa, limitada por sus creencias y conocimientos que ya he dicho pueden llegar a ser arcaicos en su aspecto negativo. (Mojigatería, miedo al que dirán) Solo hay que ver que en su posición mira al pasado y eso, para este arcano, es algo que siempre tiene muy presente. La otra, La Luna, además de sus nostalgias y recuerdos también está limitada por las torres que no dejan ver más allá de los obstáculos y que incluso pueden llevar a depresiones. Mientras La Sacerdotisa puede ser la “Madre Castradora” por su excesiva severidad que, no solo La Sabia o “La Bruja”, La Luna puede estar marcando una situación anímica de gravedad. El agua nos habla de sentimientos, lágrimas, desamor, desilusión… Y en ese aspecto físico, La Luna también puede hablar de enfermedades como el cáncer. Somatización del desprecio hacia nuestras propias imposibilidades y pérdida de la energía vital (gotitas en el cielo en el Tarot de Marsella). Los problemas con el aspecto renal, linfático y respiratorio (líquidos blancos en general) también están amparados en este arcano tan explicito y profundo.    

Discrepando sanamente con otros estudiosos de la simbología del Tarot debo decir que para mi, La Luna representa al horóscopo de Piscis y lo que sus características zodiacales implican. En esto me guío por otros autores aunque, ciertamente, a través del arcano 18, en mis tiradas veo con mucha facilidad a los componentes del signo de Cáncer. Quizás el cangrejo que se muestra en el centro del dibujo, tenga que ver con eso. Curiosamente, son muchos los intérpretes que creen ver en el agua de esta carta a un escorpión atribuyéndola a ese signo y sin embargo debo decir, que no es así si no, un sencillo y humilde cangrejo de agua dulce. Por tanto, en este arcano, no es un mar lo que se ve, tal y como algunos han afirmado, si no un rio con sus aguas limitadas por unos bordes como los que marcan el camino de los sentidos, de los sentimientos o del yo interno. Hasta incluso quizás… De la magia y la mediumnidad. Al no ser un mar abierto, volvemos pues, a las limitaciones iniciales. El agua que nos lleva…   

  

 En cuanto a los supuestos perros, quisiera aclarar que no son tales.
Originariamente, dichas figuras correspondían, uno al Dios Chacal, Anubis, protector de la oscuridad y los muertos, y el otro, según algunos autores y analistas, parece ser Thot. Es decir, Ella y no él. Diosa de la luna egipcia, representada por una figura de mono babuino, también llamado cabeza de perro. Sin embargo para otros, la figura de la derecha no correspondería a Toht si no, a la representación de Hécate vista desde la existencia de su fiel compañera, la perra negra. Y mientras Anubis y Thot eran protectores egipcios de la noche y los espíritus, la diosa Hécate y sus perros representaban al “Mas allá” y a los demonios respectivamente. De esta figura mitológica helena se ha dicho que era Reina de Fantasmas y la más grande hechicera. Por lo tanto, basándonos en este análisis, volvemos a llegar al punto de partida, las similitudes entre la carta de La Sacerdotisa con La Luna.   En definitiva, como podéis ver, se analice como se analice, la carta de La Luna, en cualquiera de sus representaciones artísticas, siempre nos lleva a las mismas connotaciones. Interior, sentimientos y oscuridad. En su parte positiva, que también la tiene, nos habla de la extrema sensibilidad y percepción extrasensorial. Del carácter femenino y maternal… Del disfrute del sentimiento por mucho que ello también nos haga sufrir y del crecimiento personal después de superar el trago y salir de estado de catarsis al que dicho arcano nos somete. Es la carta por excelencia de la superación interna y muy buena para trabajar nuestro interior y nuestras emociones. 

 

Un saludo, Artemisa.  

 

 

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